Las cortinas enganchadas.
El placard dado vuelta.
El cenicero que no daba más.
Las sábanas casi arrancadas.
El portaretrato mirando pa' bajo.
La ropa sucia entre las mantas.
EL olor a humo encerrado.
La olla con arroz pegado,
Vuelta a usar sin lavar.
El santísimo llanto,
El llantísimo santo
Siempre alguien escuchándome,
Siempre alguien abrazándome.
Y yo pensando en un capricho,
Y en las primeras vistas,
Y en los primeros errores,
Que fueron todos.
Y ya no escribo más,
Y si alguna vez (le) escribí,
Ayer lo borré.
Empieza el segundo día del menú,
Termina el segundo día del menú.
Al tercer día ví,
Ví que estaba dejada,
Pintura de uñas saltadas
Pelo de pasta cebásea.
Dos rollos de 35 pendientes por revelar.
Sin embargo,
Siempre un libro seguía en la meza de luz.
Pero al tercer día,
De comer arroz hervido,
Me di cuenta que ,
Tan tontamente,
Me había dejado llevar,
Por cualquier juan.
Y también me di cuenta,
Que hace tres días,
Que comía arroz hervido.